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¿Qué pasa con el aeropuerto? (2)

Hace ya casi un año escribía sobre la penosa imagen que daba de nuestro país la única puerta de entrada que tenemos para los turistas y visitantes de negocios que vienen al país. Eso se suma a la decadente situación de las aerolíneas nacionales: una flag carrier operacionalmente inexistente y algunas líneas privadas pobremente fiscalizadas y terriblemente preparadas para competir afuera, ni siquiera en el mercado andino.

Hace unos días tuvimos que volar con SBA Airlines, con quien manejo la hermosa cifra de 100% de retrasos en todos mis vuelos inteacionales en 2008 y 2009. En esta ocasión el retraso se sabía desde antes de que iniciara el check-in: un vuelo programado para las 2000 estimaba despegar a la 0100 del día siguiente. No nos impresionamos, porque hemos tenido retrasos con SBA de hasta 96 horas.

La aerolínea picó adelante entregando vales de alimentación para comer una arepa, que por supuesto no utilizamos. No aceptamos dádivas alimenticias de gobieos o empleadores para tapar deficiencias en el servicio, así que tampoco tenemos que aceptarlas de una aerolínea.

Con el pasar de las horas no fue la aerolínea lo que nos impresionaba, sino, nuevamente, el aeropuerto. Para empezar, casi todas las tiendas tienen sus anaqueles vacíos (¿INDEPABIS, SENIAT, dónde están?) y cierran temprano. La empresa que opera el wireless “oficial” del aeropuerto hace sus cargos en dólares, aunque los clientes sean venezolanos con tarjetas locales. Como hago siempre, generé una clave aleatoria para el servicio, me registré y realizaron el cobro a mi tarjeta. Pero luego, la clave era “demasiado compleja” para hacer login, así que tuve que volver a pagar, y por supuesto la operadora no tiene ningún representante en el aeropuerto ni formas de contactarlos. El contrato está pobremente traducido del inglés, con lindezas como por ejemplo “eventos de fuerza mayor pueden ser Hechos del Príncipe”. WTF.

A eso de las 2100, empezaron a salir “seres de la noche” de todas partes. Militares, empleados de la ONIDEX, de las tiendas del aeropuerto, etc., inundaron las salas de embarque para dormir, ver televisión, oir música a todo volumen en sus celulares (cáncer representativo de la pésima educación que los venezolanos hemos cultivado y atesorado en los últimos años), cantar las canciones de la televisión o incluso hacer arrumacos entre parejas.

Pero espere, hay más. En cierto momento apagaron el aire acondicionado y tuvimos la oportunidad de disfrutar una noche varguense sin posibilidad de abrir una ventana para tener algo de viento. Piso y techo se puso como el del Metro en horas picos, y de las bocas del aire salía un vapor húmedo realmente asqueroso. Además los empleados comentaban que “había un incendio” pero que “no lo iban a apagar porque no estaban de guardia” y finalmente nos enteramos que se les ocurrió hacer una limpieza de los aires, con empleados y pasajeros adentro del aeropuerto.

¿Qué podemos hacer como ciudadanos para evitar que esto siga ocurriendo? ¿Es esto coincidencial o un problema sistemático por el cual arrojamos las mejoras que hicimos al aeropuerto a la basura?

Nota: el vuelo salió a las 0200. No habían prendido el aire hasta entonces.

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