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Senderismo en el Páramo de la Virgen

El sábado 22, junto al Grup de Joves del Casal Catalá de Quito, hicimos un sendero de 7 kilómetros a través del Páramo de la Virgen y hasta el pueblo de Papallacta, por el Sendero del Oso y bajo la guía de Paúl Cárdenas del Grupo Cumbres.

Entramos un poco antes de las 0830 al Páramo, y salimos a las 1500. La marcha fue lenta; algunos estábamos en nuestro primer sendero de alta montaña (casi a 4K de altura), otros se vieron afectados por ligeras torcidas de tobillo o mal de altura, además llovió y hubo un cambio de sendero que nos retrasó un par de horas más al bajar.

Como primera reflexión podría citar que es importante llevar polainas al páramo. A pesar de que los pantalones impermeables están diseñados para no regar la empapada, sí hay muchas partes del sendero donde terminas metiendo media canilla en el lodo y salpica todo el pantalón. Y no hay nada más incómodo que andar con el pantalón mojado.

Hubo gente del grupo que se quitó la chompa, porque era medio día y el clima no era tan frío. Yo estuve todo el tiempo con la chompa y hubo un pedazo que lo hice con pasamontañas porque el frío me quemaba las orejas. En todo caso es importante llevar una chompa que sea fácil de poner y quitar, y manga larga, porque sirve también para apartar la vegetación alta.

En el último tercio del camino empezó a llover. Yo llevé un poncho, de los amarillos, pero seguramente una chompa impermeable sería mucho mejor idea. En cuanto al calzado, yo llevé unas botas Acadia y Ailé unos zapatos de trekking Acadia, pero definitivamente vale la pena llevar las botas, para proteger el tobillo. Yo terminé el recorrido sin ningún problema en los pies, aunque a la bota se le deterioró la lengüeta. Obviamente las botas y las medias terminaron empapadas también.

En esos 7 Km., recorridos en unas seis horas (hicimos varias paradas), tomamos entre tres personas 1440 ml. de líquido, es decir, 480 ml. cada uno. Un punto importante es llevar gorra y lentes de sol, y usar bloqueador. El sol es implacable.

Al terminar, fuimos a las Termas de Papallacta. Dejando de lado los juicios de valor sobre la pertinencia en el uso del agua, el servicio en las Termas fue realmente excepcional. Básicamente, en estas Termas hay aguas termales “sulfatadas, sódicas, cálcicas, cloruradas y ligeramente magnésicas” pero inodoras e incoloras, entre 36 y 40 grados centígrados. Funcionaron muy bien para relajar los músculos.

Ya de noche, caldo de gallina y trucha al ajillo en el pueblo de Papallacta y viaje de vuelta a Quito. En Quito, neblina cerrada y clima frío, tomamos Ecovía en La Paz y a casa. Cataflam y a dormir. ¡Excelente viaje!

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